Ha sido mi primer día como "titular", como ya comenté estos días voy a sustituir a una de las psicólogas y me he empezado con muy buen pie.
Evidentemente, "mi compañera" me había instruido un poco sobre las patologías y grado de afectación de los niñ@s, que podía trabajar, nivel de comprensión y lenguaje, etc... La verdad es que todo ha ido sobre ruedas, tanto con los niñ@s como con los papás, no han surgido imprevistos, ninguno de ellos ha demostrado estrés por el cambio y las sesiones han sido, en general, bastante fructíferas.
Si tuviera que resaltar alguna sesión sería la última del día con I., una niño de 3 años con retraso mental moderado bastante afectado. Lo curioso de este caso es que E., la psicóloga a la que sustituyo, ya me había advertido que la madre era especial y que estaba convencida de que a su hijo no le pasaba nada, lo cual me parece inaudito porque a mí me bastaron 2 minutos para darme cuenta de su retraso. En este momento me dí cuenta de que en ocasiones es casi más importante el trabajo que se realiza con los padres para ayudarles a asumir el problema que con los propios niños.
El niño no presenta lenguaje alguno ni comprensión de las órdenes que se le dan, presenta debilidad muscular tanto en sus extremidades como en los músculos faciales, lo que le lleva a tirar baba continuamente. Cuando le ofrezco el material no parece interesarle si no produce música, y si lo hace demuestra su alegría con un fuerte aleteo. La sesión fue bien, lenta pero bien, pero me quedé con ganas de poder hablar con la madre en términos que pudiera entender para poder hacerle ver que si acepta la problemática de su hijo le podría ayudar mucho más en casa. Pero esto no es competencia mía y E. dice que ya lo ha intentado pero no está nada receptiva, una pena.
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