He de decir que ha superado con creces mis expectativas, cuando comencé lo hice con algunos temores, en primer lugar porque no sabía si iba a estar a la altura, y en segundo lugar, porque no quería que la realidad de la práctica me decepcionara como ocurre en ocasiones.
Pero no pasó ni una cosa ni la otra, aunque el primer día me fui a mi casa un tanto impresionada, poco a poco fui viéndolo todo con total naturalidad, incluso aquellos síndrome minoritarios de los que nunca había oído hablar, o aquellas parálisis cerebrales con las que nunca había tenido contacto alguno.
A diferencia de lo que piensan algunos, y me refiero a algunos compañeras mías educadoras, en estos centros, al menos en APSA, se prioriza la atención individualizada del niño, desarrollando tratamientos y terapias totalmente personalizadas como ya he comentado con anterioridad, se preocupan en no perder ni un solo minuto de las sesiones para no desperdiciar el tiempo, ya que como dicen los especialistas del centro, el tiempo en estos niños es crucial y les puede suponer un avance importante.
La verdad es que nunca me hubiera imaginado encaminar mi futuro profesional a la función de psicopedagoga, ya que comencé la carrera para quitarme la "espinita" que siempre he tenido, y para realizar mi trabajo como docente con unos conocimientos que me permitieran hacerlo de la mejor manera posible, abarcando diferentes aspectos del campo educativo y teniendo las herramientas necesarias en caso de encontrarme en el aula con algún ACNEE.
Con todo esto quiero decir que, tras mi paso por APSA, considero que también podría desempeñar un buen papel como psicopedagoga, he tenido que esperar a verlo con mis propios ojos para darme cuenta del valor de esta profesión, solo espero tener algún día la posibilidad de hacerlo.
Me gustaría cerrar mi blog como lo abrí, reiterando que la labor que se realiza en la asociación APSA es encomiable, se hace imprescindible centros como éste para intentar paliar las limitaciones de los ACNEE y de este modo disminuir la desigualdad existente tanto a nivel académico, en un principio, como a nivel profesional, en la vida adulta. Es decir, que todos aquellos niños que padezcan o estén en riesgo de padecer cualquier trastorno, tenga una mejor calidad de vida.
Solo me queda despedirme, y que mejor manera de hacerlo que con una frase de Russell del libro "Ensayos sobre educación", que personalmente siempre me hace reflexionar, y espero que a vosotros también:
“No hay más que un camino para el progreso en la educación, como en todas las cosas humanas, y es el de la ciencia guiada por el amor. Sin ciencia, el amor es impotente; sin amor, la ciencia es destructiva.”
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